El burnout —reconocido por la OMS como un síndrome ocupacional— es uno de los mayores retos para el talento mexicano en 2025. Aunque suele asociarse con estrés extremo o colapsos evidentes, en realidad se manifiesta muchas veces de forma silenciosa: desmotivación, irritabilidad, bajo rendimiento, fatiga constante y una desconexión emocional que se vuelve crónica. En un país como México, donde la cultura laboral aún valora la sobreexigencia y las largas jornadas como sinónimo de compromiso, el agotamiento emocional sigue siendo subestimado o incluso invisibilizado.

Según datos del IMSS y de la Organización Internacional del Trabajo, México está entre los países con mayor número de horas trabajadas al año. A esto se suma la inseguridad laboral, la precariedad en algunos sectores y la falta de políticas formales de bienestar en la mayoría de las empresas. Pero el burnout no afecta a todas las personas por igual: distintas generaciones lo viven, expresan y enfrentan de formas distintas, lo cual exige estrategias diferenciadas.
El burnout en diferentes generaciones: una misma raíz, múltiples expresiones
Los trabajadores más jóvenes —millennials y centennials— tienden a experimentar el burnout desde la frustración por falta de propósito, saturación digital y expectativas poco realistas de éxito inmediato. Su agotamiento suele traducirse en renuncias silenciosas, pérdida de motivación o cambios constantes de empleo. En cambio, el talento senior enfrenta otros factores: sobrecarga de responsabilidades, presión por mantenerse vigente o falta de reconocimiento. Incluso hay quienes padecen burnout sin saberlo, al haber normalizado durante años una dinámica laboral que prioriza el resultado sobre el bienestar.
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En todos los casos, el desgaste se amplifica cuando no hay espacios seguros para hablar del malestar, cuando la cultura organizacional penaliza el descanso o cuando la salud mental se sigue tratando como un asunto privado en lugar de una prioridad colectiva.
Estrategias organizacionales contra el burnout en México
Algunas empresas mexicanas están comenzando a atender el burnout como un tema estructural. Desde pymes hasta grandes corporativos, se están adoptando estrategias como jornadas laborales más flexibles, capacitaciones en inteligencia emocional, atención psicológica accesible y mecanismos de escucha continua para detectar señales de agotamiento antes de que escalen. Iniciativas como las de BBVA, Grupo Modelo o Softtek —que han integrado la salud mental en sus estrategias de talento— demuestran que invertir en bienestar no solo mejora el clima laboral, sino también la productividad y la retención de talento.

Pero aún falta mucho. Para prevenir el burnout de forma efectiva se requiere una transformación cultural que valore el descanso, fomente la empatía en el liderazgo y redefina el éxito más allá del rendimiento constante. Escuchar las experiencias del talento, sin importar su edad, es clave para diseñar entornos laborales más humanos.











