Confrontación geoeconómica y desinformación se disparan como principales riesgos globales para el 2026 según World Economic Forum

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El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial dibuja un panorama profundamente preocupante para los próximos años. Publicado el 14 de enero de 2026, el documento refleja un pesimismo creciente entre líderes y expertos, quienes identifican la confrontación geoeconómica, la información falsa y la desinformación como las dos amenazas más graves en el horizonte de los próximos dos años. En un mundo que ya enfrenta múltiples crisis, estos riesgos señalan una nueva era de volatilidad e incertidumbre que exige una atención sin precedentes.

La percepción de los expertos actúa como un barómetro de la estabilidad global, y los resultados de la encuesta de este año son una clara señal de alarma. El sentimiento generalizado entre los más de 1.300 líderes consultados establece un contexto de inquietud que subyace a los riesgos específicos identificados. Lejos de anticipar un retorno a la normalidad, las expectativas apuntan hacia un futuro marcado por la turbulencia y la fragmentación.

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Este sentimiento generalizado de inquietud no es abstracto; se fundamenta en la percepción de que la confrontación geopolítica y la inestabilidad económica son los principales motores de la volatilidad a corto plazo.

Los riesgos que definen los próximos dos años

Según el informe, el mundo se enfrenta a una colisión de crisis interconectadas en el horizonte de dos años. Los conflictos geopolíticos y las presiones económicas se retroalimentan, amplificados por una creciente fractura social y la rápida evolución de las amenazas tecnológicas.

El ascenso de la confrontación geoeconómica al primer puesto como el riesgo más grave a corto plazo, tras escalar ocho posiciones, es el hallazgo más destacado. Esta amenaza impacta directamente en la estabilidad de las cadenas de suministro y en la economía mundial en general. A esto se suma la persistencia de los conflictos armados entre estados, que se mantienen entre los cinco principales riesgos.

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Paralelamente, los riesgos económicos han experimentado el mayor incremento colectivo. La desaceleración económica y la inflación escalaron ocho puestos cada una, y la amenaza de un estallido de burbujas de activos también ganó una notable prominencia, reflejando una profunda preocupación por la estabilidad financiera en un contexto de crecientes rivalidades.

Fractura social y amenazas digitales

En este entorno volátil, el tejido social se ve amenazado desde múltiples frentes. La información falsa y la desinformación se consolidan como el segundo riesgo más grave a corto plazo, erosionando la confianza y dificultando la acción colectiva.

Al mismo tiempo, la polarización social y la desigualdad se identifican como riesgos críticos. Por segundo año consecutivo, la desigualdad es percibida como el riesgo más interconectado de todos. Le sigue la desaceleración económica. La atención urgente que demandan estas crisis inmediatas está, sin embargo, desplazando el foco de peligros aún mayores que se gestan en el horizonte a largo plazo.

Las amenazas que marcarán la próxima década

Si bien las crisis actuales son apremiantes, el informe advierte sobre el peligro de subestimar las transformaciones estructurales que definirán la próxima década. Al analizar el horizonte a 10 años, el paradigma de riesgo cambia drásticamente, poniendo de relieve las amenazas existenciales en los ámbitos ambiental y tecnológico.

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El aparente descenso de los riesgos ambientales en el ranking a corto plazo es engañoso. El informe aclara que esta caída se debe a la urgencia de otras crisis que acaparan la atención. Sin embargo, subraya que este descenso no es solo relativo, sino que también refleja una caída en la percepción absoluta de su gravedad a corto plazo, una tendencia preocupante dada su primacía en el horizonte a largo plazo.

El ascenso exponencial de la IA

El riesgo asociado a las consecuencias adversas de las tecnologías de IA presenta la «trayectoria más chocante» de todo el informe. Pasa de ocupar un lejano puesto 30º en el horizonte a dos años a escalar hasta el 5º puesto en el panorama a 10 años. Este salto exponencial refleja una profunda y creciente inquietud sobre el impacto disruptivo de la inteligencia artificial en los mercados laborales, la cohesión social y la seguridad global.

Ante este complejo panorama de riesgos a corto y largo plazo, el liderazgo global se enfrenta a un desafío monumental que requiere una acción coordinada y visionaria. El contraste entre las preocupaciones inmediatas y las amenazas existenciales a largo plazo se hace evidente en la siguiente clasificación comparativa. La tabla ilustra el dramático giro desde riesgos geoeconómicos y sociales en el corto plazo hacia un dominio casi total de los peligros ambientales y tecnológicos en la próxima década.

A corto plazo (2 años)A largo plazo (10 años)
1. Confrontación geoeconómica1. Fenómenos meteorológicos extremos
2. Información falsa y la desinformación2. Pérdida de biodiversidad y colapso del ecosistema
3. Polarización social3. Cambio crítico en los sistemas terrestres
4. Fenómenos meteorológicos extremos4. Información falsa y la desinformación
5. Conflictos armados en los Estados5. Consecuencias adversas de las tecnologías de IA
6. Inseguridad cibernética6. Escasez de recursos naturales
7. Desigualdad7. Desigualdad
8. Deterioro de los derechos humanos y/o de las libertades civiles8. Inseguridad cibernética
9. Contaminación9. Polarización social
10. Migraciones o desplazamientos involuntarios10. Contaminación

Un llamado al diálogo

Las conclusiones del informe vienen acompañadas de un claro llamado a la acción por parte de los líderes del Foro Económico Mundial. Sus palabras no son meras declaraciones, sino el marco interpretativo oficial que ofrece tanto un diagnóstico de la situación como una hoja de ruta para navegar la incertidumbre. Børge Brende, presidente del Foro, contextualiza el panorama actual: “Se está forjando un nuevo orden competitivo en el que las grandes potencias tratan de proteger sus intereses. Este entorno cambiante, donde la cooperación resulta muy distinta a la que había antes, refleja una realidad pragmática”. No obstante, concluye que “los enfoques colaborativos y el espíritu de diálogo siguen siendo fundamentales”.

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Por su parte, Saadia Zahidi, directora general, describe el informe como un «sistema de alerta temprana» que evidencia cómo la era de la competencia acrecienta los riesgos. Sin embargo, enfatiza que «ninguno de esos riesgos es inevitable», y destaca la «responsabilidad compartida de trazar el rumbo a seguir». El mensaje central es claro: a pesar del aumento de la confrontación, la colaboración pragmática y el diálogo son más necesarios que nunca para gestionar la complejidad de los riesgos globales.

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Andrea Vázquez Azpíroz

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